Raymundo Jiménez

Lejos de los reflectores, agazapado en su cómoda oficina de Palacio, el secretario de Gobierno, Rogelio Franco Castán, enfrenta una crisis familiar que amenaza con echar por tierra su meteórica carrera política, actualmente en la plenitud del poder que hasta hace un par de años no imaginaba alcanzar tan pronto.

Quienes conocen y están cerca del ex dirigente estatal del PRD aseguran que su dolor de cabeza no es la inseguridad ni la violencia que sufren millares de veracruzanos sino su afición por las damas. Ya a mediados de junio de este año, luego de que trascendiera en las redes sociales la presunta golpiza que le habría propinado a su mujer Guillermina Alvarado González, el gobernador Miguel Ángel Yunes le habría advertido que no le permitiría un escándalo más.

Pero nos dicen, por ejemplo, que nombres como los de las “reinis” Noreya Portilla Gumecindo, Elda Quintero e Irasema Wong habrían puesto al funcionario yunista contra la pared debido a los conflictos familiares originados por su supuesta cercanía sentimental con todas ellas. De hecho, según videos de las cámaras de seguridad que circulan en las redes, en alguna ocasión, luego de abandonar el hogar por los conflictos familiares, Franco se habría refugiado en una habitación de un hotel durante varios días con una de las mencionadas, lo que encendió los ánimos de su esposa que amenazó con armarle ooootro escándalo, el cual se sumaría al hecho de que, según el Registro Público de la Propiedad, muchos de los bienes inmuebles que posee aparecen a nombre de su progenitora, lo que habría profundizado las diferencias con su cónyuge.

Si bien lo anterior corresponde a su vida privada, cuando menos en el caso de Noreya Portilla adquiere interés público debido a que actualmente se desempeña como Jefa de la Unidad Administrativa en la secretaría de despacho a su cargo, lo que pudiera encubrir un conflicto de interés. Y es que la actual subordinada de Franco es hermana de Lisbeth Emilia Portilla Gumecindo, alcaldesa electa de Juchique de Ferrer, en cuya campaña electoral fue exhibida públicamente de haber recibido apoyos del gobierno del estado.

Esta vida conflictiva habría sido una de las razones por las que de última hora el ex dirigente estatal del PRD habría sido “bajado” de la lista de posibles candidatos al Senado de la República, ya que muy probablemente el remedio hubiera salido más caro que la enfermedad, pues diversas organizaciones feministas y de defensoras de los derechos humanos habrían visto mal que se le postulara tras los escándalos protagonizados por su presunta violencia intrafamiliar, de allí que se optara por el secretario de Infraestructura y Obras Públicas, el panista Julen Rementería del Puerto, y la diputada local del partido del sol azteca, Jazmín Copete Zapot, para encabezar la coalición PAN-PRD en el proceso electoral federal de 2018.

Quienes han conversado recientemente con el secretario de Gobierno lo notan ausente, cabizbajo y con la mirada perdida. Saben que a pesar de haber sido un factor clave en 2016 para consolidar la alianza PAN-PRD y de haber contribuido a la histórica alternancia del poder tras 87 años de hegemonía priista en Veracruz, su posición en el gabinete de Yunes Linares estaría pendiendo de un hilo. Más aún luego de que podrían hacerse públicos presuntos videos en los que presumiblemente Franco aparece “negociando” algunos municipios, entre ellos el de Las Choapas, con el ex gobernador priista Javier Duarte, el acérrimo enemigo político del vengativo y rencoroso inquilino de Palacio de Gobierno.